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Sentados en la terraza, la oyó hablarle como nunca, cada palabra que salía de sus labios era como música, como una melodía que te despierta por la mañana y su sonrisa cual rocío lo hacia tan feliz. Pero al seguir la conversación, se dio cuenta que aquellos labios hermosos que se movían como olas al viento, jamás serian suyos, que jamás podría besar o morder y se conformo con mirar a un lado y sonreír tímidamente tomando un sorbo de aquel café ya frío pero al fin feliz porque le quedaba el recuerdo, las palabras, la sonrisa, la mirada, su mirada.

El Aldo

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Eran las siete de la noche cuando entraron en aquel café donde hacían los mas ricos crepes de la ciudad. Siempre lleno y lleno de ese olorcillo a panqueque al estilo francés recién hecho, el olor del chocolate negro y amargo y Nutella derritiéndose sobre la plancha, esa mezcla de café italiano y “hazelnut” que le llaman, era la delicia de todos.

Se sentaron en una mesita al lado de la nuestra, revisaron la carta, Ella sonreía y el le hacia gracias mientras con sus ojos le decía que lo mucho que la amaba. Y entre risa, la encargada de las mesas, chica alegre, rubia, de ojos azules y muy comprensiva se acerco a pedirles la orden.

Yo quiero un crepe con Nutella, fresas y plátano y un jugo de durazno -dijo ella mirando a su príncipe azul – El miro a la rubia de ojos azules y con ese aire de conocedor y con la idea de que la que sirve, sirve para servir y no para juzgar, le dijo con el pecho hinchado  “dime cual es mas rico, el crepe de espinaca con queso de cabra o el de queso con jamón?…. Aquella simpática mujer, llena de amor y de paciencia de angel le dijo suavemente… “el de jamón con queso, insuperable y en verdad contundente, uno de aquellos”… perfecto tráigame uno y una coca cola – dijo el. La rubia tomo la orden y sonriendo se fue a la cocina pensando muy dentro de si “ahhh se nota que aun hay gente que no pasa del pan con mantequilla”…

El Aldo


Y una lagrima gorda y redonda salio de sus ojos castaños, y empezó el inevitable viaje hacia su mejilla, y brillosa ella, recorriendo su piel, reflejaba su mundo y en el fondo, el recuerdo de su mirada, de sus caricias, de sus palabras y de su partida.

El Aldo

Tomó un sorbo de café, respiro profundamente y pensó… no es lo mismo sin un cigarro. Aun tenia aquella vieja manía de tomar café y fumar. Miro por la ventana las calles blancas y frías por el casi interminable invierno,  sonrió y vio aquel rostro sonreírle desde afuera y sintió un calor de su mirada… Se sintió libre, tranquilo, callado. Termino el café escuchando In Between Days y al sonar Pixies dijo; no, no es lo mismo sin un cigarro…

El Aldo