Salte la navegación

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Quien diría que años después mientras disfrutaba del jardín y veía a lo lejos a alguien pasear a un perro de unos 12 años por su caminar lento y entretenido con su ama que reía y disfrutaba de un aire frio en pleno verano; recordaría aquella historia que le contaron hace mucho tiempo.

Era una mañana cuando el padre se despertó luego del matrimonio de su hijo y de su repentino y ya programado viaje a la lejana tierra del sueño americano. Se levantó con las primeras pobres luces del dia, se acomodó el pelo, se vio al espejo, se aseo como de costumbre y salió decidido del cuarto. Es hora de hacer las paces con el Rottweiler –pensó – . Samson la bestia que su hijo le dejo antes de partir. De manto negro y brilloso, aquel animal era único, raza pura, buen porte, todo un semental, de dientes y fuerza espectaculares.

Pues bien, se puso su casaca aquella mañana nublada de ese invierno limeño que tanto extraño, porque es tan divertido, con esa garua que moja y no moja, con esa niebla gris por todos lados. Buen, sigamos… con su pijama y su casaca, llamo al animal y a cada paso aquella casa temblaba; le puso la correa y le dio una galletita en forma de hueso, en gesto de amistad.

Abrió aquella puerta y la bestia ni bien puso el pie en la fría vereda emprendió su primer paseo con el nuevo amo; jalando y jalando  y volviendo a jalar aquella cadena que por demás estaba tensa. El padre por mas que trataba no podía controlarlo y le costaba mucho mantenerse en pie. De pronto al otro lado de aquella esquina de Breña apareció ella, una hembra hermosa y sin cadena y Samson, la gran bestia negra, ladro fuerte y llenando la vereda de saliva no perdió tiempo  y apretó el paso hacia su presa.

Pues Samson, jalo más fuerte y el padre a punto de caer se repuso e intento detenerlo inútilmente detenerlo con las dos manos. Cuando de pronto, el pantalón de pijama le jugó una mala pasada, la venganza de los pijamas que le llaman. Poco a poco fue bajando, poco a poco se fue deslizando dejando ver aquel trasero blanco y arrugado.

AAAHHH!!! Grito por dentro, apretando los dientes, mientas sentía que el pijama ya había llegado a las rodillas. Y entonces el frio de aquella mañana paso por entre sus piernas y la erección no se dejó esperar. Samson jalaba más fuerte y entre la cadena tensada  y aquel pantalón a rayas que bajaba, ya no pensaba más que en el “esperemos que haya nadie tan temprano”. Pues no fue así, había ya alguien en aquella cuadra y no era el panadero con su clásica corneta.

Vecinoooo bue-nos días!!!… dichosos los ojos que lo veeeee-e-e-e-en, esas pijamas le quedan uffffff diria yo  – dijo la vecina cincuentona que emocionada y coquetona, reía y se enrojecía  con la sangre hirviéndole; mientras regaba el jardín que no tenía y se le salían los ojos.

 

El Aldo

 

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