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Sentado en ese jardín perdido entre el hoy y el ayer, entre la maleza de sus memorias, decidió poner orden y encontró el hilo de una historia inconclusa.

Era un jueves por la tarde cuando encendió un cigarro y se paró en la puerta del cine a esperarla. Era más temprano que de costumbre, pero como siempre pensó, era mejor esperar a ser esperado y eso le daría la felicidad de verla llegar con su cabello al viento.

Prendió otro cigarro mientras veía su reloj y caminaba de un lado al otro de la cuadra de aquel cine de barrio venido a menos, cerca de aquel centro comercial donde años después comería la más nociva de las comidas que cualquier borracho de fin de semana podría pedir y donde años después pasaría sin pensarlo con alguien inesperado

La función empezaba a las 7:30pm y ya faltaban 15 minutos para empezar y claro ella no aparecía. Miraba cuanta combi o bus se detenía en la esquina a ver si aparecía, apurada como siempre; pero no, no terminaba de llegar. Era tarde para llamarla a ver si estaba en camino o no; no recibió ningún recado cuando salió de casa, además fue ella la que le dijo para ir, y le aseguro que esta vez sí llegaba, no como la última vez, que le dijo para ir a ver Blade Runner en el cine Julieta en un 2×1 y donde nunca apareció y él se quedó con las ganas de ver la película. Pues bien La Naranja Mecánica estaba por empezar y el seguía afuera; contando los segundos, guardando un hilo de esperanza a que finalmente apareciera; entonces con el dolor de su alma y en contra de su voluntad, compro su ticket y entro. Se sentó atrás, no para evitar el gentío, sino para ver si lograba asomar y ahí la encontraría.

Cuando aparecieron los “featuring artists” sabía que ya no llegaría… Mierda! Dijo, no va a venir, y adelanto asientos hasta la mitad de la sala siempre al pasadizo por si acaso aparecía. Lo que es tener esperanzas no? – pensó –

Ya la película avanzada, el olor a orines y a sudor era agobiante, el humo de algunos desadaptados se mezclaba con un ruido lejano, orgásmico, que llegaba de los baños… La verdad no disfruto la película, porque mas era el temor de ser asaltado que presta atención a aquella pantalla donde Alex ya estaba en tratamiento. Era el constante mirar a todos lados, todos eran sospechosos, y en realidad la mayoría no prestaba atención a la película…y aun así miraba aquella cortina desteñida y polvorienta de cuanto en cuando para ver aun llegaba.

Y así transcurrieron los minutos, que le resonaban en la cabeza. Al terminar la función, fue al baño y se encontró con una fila de no de apurados para orinar, sino la cola para el “rapidito” a manos de algún transexual o la putita de turno. Voltearon a mirarlo. Un servicio papi? – le dijo uno – y otro le zampo una mirada diciendo –que miras huevón? – así que salió rápido, dejando atrás a aquella turba libidinosa y concupiscente que no perdía el tiempo viendo una película que no entendían y que aprovechaba la oscuridad para darse una relajada de aquellas.  En su salida sintió que alguien lo seguía, que comentaban detrás de él, que no era uno, sino varios, de rostros borrosos, de ropas que no encajaban, de colores vistosos, de puños cerrados con una punta brillante saliendo de entre los dedos. Era hora de correr.

Ni bien puso pie en la calle, se olvidó de todo y corrió entre la poca gente que aun transitaba por la zona, cruzo la avenida Javier Prado, sin mirar dejando atrás bocinas y conchatumares y sobre todo a la grupito que pretendía asaltarlo… llego a Juan de Arona y ahí paro, tomo aire, prendió un cigarro y camino, pensando en porque no habría llegado, porque no le dijo que no llegaría, le daría la misma excusa tonta que el aceptaría sin pensarlo como la vez pasada o la vez anterior; pensó si así era el amor; pensó si ella se había dado cuenta; pensó miles de cosas y en miles de cosas se perdió, pero no dejo de pensar en ella…

Años después se la encontró cuando, perdido entre la gente tropezó con ella, conversaron de sus vidas de esto y de aquello y entre las risas le pregunto….

–       Porque no llegaste? Sabes que te espere – dijo mientras dejaba de reír

–       Disculpa – dijo ella – eran otros tiempos, ya ni me acordaba, sabes?

Ella dejo de reír, bajo la mirada y se quedó callada; El, la llamo por su nombre y ella levanto la mirada nuevamente. Está bien, no te preocupes, eran otros tiempos no?, olvídate – le dijo – . Se miraron a los ojos y volvieron a sonreír.  Cuando se despedían, ella le dijo.. Que te parece si mañana vamos al cine?… El abrió los ojos sorprendido y se quedó callado.

 

El Aldo

 

 

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