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Camino por aquella feria terrosa y sucia del circo del fabricante de mentiras. Vio a los payasos viejos y mal pintados, siempre tristes tratando de engañarla con flores de plástico y globos llenos de falsas ilusiones. Paso delante de la jaula de las fieras moribundas, encerradas en la prisión del olvido, tratando de comérsela con sus gruñidos hambrientos. Paso delante del domador de fieras con sus pies de barro y su traje rojo desgastado por los años con esa mirada lasciva y látigo en mano, sonriéndole e invitándola a ver a los elefantes esqueléticos.

Y cuando pensó que ese tormento había terminado, a lo lejos vio una tienda de colores, parchada con pedacitos de ilusiones. Cuando entro, el olor a incienso y azufre llamo su atención; oscura y llena de misterios, los viejos libros tomaba vida a cada paso que daba y los pergaminos del tiempo se abrían para ella. Cuando llego al centro vio una mesa con una bola cristal y acero; se sentó en esa silla polvorienta y apareció ante ella La Reina Gitana envuelta en el manto del destino y del tiempo, con su mirada penetrante y ese aire de misterio. Su mano huesuda empezó a tomar la belleza de su juventud al tirar las cartas y dijo..

–       Que fatalidad, aquel corazón guerrero que aun corre contra el viento sigue latiendo fuerte por ti y aun no te has dado cuenta; ven toma mi mano y veras..

Y tomando aquella mano suave, vio el corazón latir dentro de la bola de cristal y abrió los ojos al fin y empezó a llorar suavemente, dejando caer una lágrima sobre el acero.

De pronto, los tambores lejanos empezaron a sonar más fuertes y detrás de ellos, las guitarras despertaron del olvido y su poder invadió la atmosfera densa de aquella tienda invisible para los que no creen en el espíritu del viento. Y de pronto, de entre todo ese ruido apareció aquel cuyo corazón aun latía por ella, con su armadura gastada y abollada por las infinitas batallas; y extendiéndole la mano, la llamo… Guardiana ven conmigo… Guardiana de la Fe y de la Lagrima, ven conmigo, mis ojos no te mienten – dijo – , ella le tomo del brazo y ambos se perdieron en el jardín de las almas…

 

El Aldo

 

 

 

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