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Monthly Archives: junio 2014

 

 

 

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Sentado en ese jardín perdido entre el hoy y el ayer, entre la maleza de sus memorias, decidió poner orden y encontró el hilo de una historia inconclusa.

Era un jueves por la tarde cuando encendió un cigarro y se paró en la puerta del cine a esperarla. Era más temprano que de costumbre, pero como siempre pensó, era mejor esperar a ser esperado y eso le daría la felicidad de verla llegar con su cabello al viento.

Prendió otro cigarro mientras veía su reloj y caminaba de un lado al otro de la cuadra de aquel cine de barrio venido a menos, cerca de aquel centro comercial donde años después comería la más nociva de las comidas que cualquier borracho de fin de semana podría pedir y donde años después pasaría sin pensarlo con alguien inesperado

La función empezaba a las 7:30pm y ya faltaban 15 minutos para empezar y claro ella no aparecía. Miraba cuanta combi o bus se detenía en la esquina a ver si aparecía, apurada como siempre; pero no, no terminaba de llegar. Era tarde para llamarla a ver si estaba en camino o no; no recibió ningún recado cuando salió de casa, además fue ella la que le dijo para ir, y le aseguro que esta vez sí llegaba, no como la última vez, que le dijo para ir a ver Blade Runner en el cine Julieta en un 2×1 y donde nunca apareció y él se quedó con las ganas de ver la película. Pues bien La Naranja Mecánica estaba por empezar y el seguía afuera; contando los segundos, guardando un hilo de esperanza a que finalmente apareciera; entonces con el dolor de su alma y en contra de su voluntad, compro su ticket y entro. Se sentó atrás, no para evitar el gentío, sino para ver si lograba asomar y ahí la encontraría.

Cuando aparecieron los “featuring artists” sabía que ya no llegaría… Mierda! Dijo, no va a venir, y adelanto asientos hasta la mitad de la sala siempre al pasadizo por si acaso aparecía. Lo que es tener esperanzas no? – pensó –

Ya la película avanzada, el olor a orines y a sudor era agobiante, el humo de algunos desadaptados se mezclaba con un ruido lejano, orgásmico, que llegaba de los baños… La verdad no disfruto la película, porque mas era el temor de ser asaltado que presta atención a aquella pantalla donde Alex ya estaba en tratamiento. Era el constante mirar a todos lados, todos eran sospechosos, y en realidad la mayoría no prestaba atención a la película…y aun así miraba aquella cortina desteñida y polvorienta de cuanto en cuando para ver aun llegaba.

Y así transcurrieron los minutos, que le resonaban en la cabeza. Al terminar la función, fue al baño y se encontró con una fila de no de apurados para orinar, sino la cola para el “rapidito” a manos de algún transexual o la putita de turno. Voltearon a mirarlo. Un servicio papi? – le dijo uno – y otro le zampo una mirada diciendo –que miras huevón? – así que salió rápido, dejando atrás a aquella turba libidinosa y concupiscente que no perdía el tiempo viendo una película que no entendían y que aprovechaba la oscuridad para darse una relajada de aquellas.  En su salida sintió que alguien lo seguía, que comentaban detrás de él, que no era uno, sino varios, de rostros borrosos, de ropas que no encajaban, de colores vistosos, de puños cerrados con una punta brillante saliendo de entre los dedos. Era hora de correr.

Ni bien puso pie en la calle, se olvidó de todo y corrió entre la poca gente que aun transitaba por la zona, cruzo la avenida Javier Prado, sin mirar dejando atrás bocinas y conchatumares y sobre todo a la grupito que pretendía asaltarlo… llego a Juan de Arona y ahí paro, tomo aire, prendió un cigarro y camino, pensando en porque no habría llegado, porque no le dijo que no llegaría, le daría la misma excusa tonta que el aceptaría sin pensarlo como la vez pasada o la vez anterior; pensó si así era el amor; pensó si ella se había dado cuenta; pensó miles de cosas y en miles de cosas se perdió, pero no dejo de pensar en ella…

Años después se la encontró cuando, perdido entre la gente tropezó con ella, conversaron de sus vidas de esto y de aquello y entre las risas le pregunto….

–       Porque no llegaste? Sabes que te espere – dijo mientras dejaba de reír

–       Disculpa – dijo ella – eran otros tiempos, ya ni me acordaba, sabes?

Ella dejo de reír, bajo la mirada y se quedó callada; El, la llamo por su nombre y ella levanto la mirada nuevamente. Está bien, no te preocupes, eran otros tiempos no?, olvídate – le dijo – . Se miraron a los ojos y volvieron a sonreír.  Cuando se despedían, ella le dijo.. Que te parece si mañana vamos al cine?… El abrió los ojos sorprendido y se quedó callado.

 

El Aldo

 

 

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Camino por aquella feria terrosa y sucia del circo del fabricante de mentiras. Vio a los payasos viejos y mal pintados, siempre tristes tratando de engañarla con flores de plástico y globos llenos de falsas ilusiones. Paso delante de la jaula de las fieras moribundas, encerradas en la prisión del olvido, tratando de comérsela con sus gruñidos hambrientos. Paso delante del domador de fieras con sus pies de barro y su traje rojo desgastado por los años con esa mirada lasciva y látigo en mano, sonriéndole e invitándola a ver a los elefantes esqueléticos.

Y cuando pensó que ese tormento había terminado, a lo lejos vio una tienda de colores, parchada con pedacitos de ilusiones. Cuando entro, el olor a incienso y azufre llamo su atención; oscura y llena de misterios, los viejos libros tomaba vida a cada paso que daba y los pergaminos del tiempo se abrían para ella. Cuando llego al centro vio una mesa con una bola cristal y acero; se sentó en esa silla polvorienta y apareció ante ella La Reina Gitana envuelta en el manto del destino y del tiempo, con su mirada penetrante y ese aire de misterio. Su mano huesuda empezó a tomar la belleza de su juventud al tirar las cartas y dijo..

–       Que fatalidad, aquel corazón guerrero que aun corre contra el viento sigue latiendo fuerte por ti y aun no te has dado cuenta; ven toma mi mano y veras..

Y tomando aquella mano suave, vio el corazón latir dentro de la bola de cristal y abrió los ojos al fin y empezó a llorar suavemente, dejando caer una lágrima sobre el acero.

De pronto, los tambores lejanos empezaron a sonar más fuertes y detrás de ellos, las guitarras despertaron del olvido y su poder invadió la atmosfera densa de aquella tienda invisible para los que no creen en el espíritu del viento. Y de pronto, de entre todo ese ruido apareció aquel cuyo corazón aun latía por ella, con su armadura gastada y abollada por las infinitas batallas; y extendiéndole la mano, la llamo… Guardiana ven conmigo… Guardiana de la Fe y de la Lagrima, ven conmigo, mis ojos no te mienten – dijo – , ella le tomo del brazo y ambos se perdieron en el jardín de las almas…

 

El Aldo

 

 

 

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El dolor de cabeza empezó hacia unos días atrás, y ya era de preocuparse así que al salir de la oficina, volvió a pasar por la farmacia donde le dieron el coctel de calmantes de siempre. Tomo la pastilla roja, dos de la verde, tomo un jugo de naranja y salió para su casa mientras escuchaba las canciones de siempre; esas que te traen recuerdo del que ya no está, del que se fue, del que está lejos, del que está cerca, del que te hizo mierda el corazón, del que ríe contigo a pesar de la distancia, del que habla y no sabe decir adiós, del que la quería y aun la quiere y se consuela viendo el mar.

Eran las 11 pm cuando algo en su cabeza exploto, y como reguero de pólvora el dolor se fue intensificando y esparciendo sin ningún miramiento ni perdón. Grito fuerte, y sus lentes cayeron lentamente y cuando el cristal de sus lunas se reventó en el piso, ella se desplomo, llorando y suplicando por una tregua.

Horas más tarde cuando despertó sintió tubos y agujas, cables y monitores, no veía bien donde estaba, pero sabía que no estaba en su casa, sabía que no estaba bien, que algo malo, algo muy malo estaba pasando y apretó con la mano la sabana percudida de aquella cama de hospital. Pudo distinguir entre las sombras a quienes estaban con ella, preocupados, llorando y rabiando, perdidos en ese no saber qué hacer. Intento levantarse, Todo está bien – dijo – pero no logro ir muy lejos y siguió murmurando hasta quedarse dormida.

Desperto de pronto, casi sin poder respirar, sudando, llorosa, el  corazón se le salía del pecho, y su cabeza latía y resonaba como el bombo de una barra en el estadio. Tomo aire, tomo cuanto aire pudo y le dijo al que estaba rabioso, al que estaba ahí por que estaba.

– Llámalo, por favor llámalo, quiero decirle algo

– A quien quieres que llame? – dijo el – no sé qué hablas,

– Si sabes, no te hagas el tonto, sabes bien de quien hablo, por favor llámalo, no pierdas tiempo – replico ella con el poco aliento que le quedaba –

– Ok, iré, pero si no contestas será tu problema…

Al Salir de aquel cuarto, busco en su bolsillo su celular que no tenía saldo, así que tomo unas monedas y parado frente al teléfono público, levanto el auricular, escucho el tono de marcar y empezó a golpear la pared con él, uno tras otro, golpe tras golpe el auricular se reventaba y los pedazos de plástico y  la pared se llenaban de sangre. Tiro el teléfono y salió a tomar aire, a fumar un cigarro, a olvidarse un rato de ese momento de ira y para olvidarse del encargo.

Al regresar al cuarto, ella simplemente moría, la vida se le iba con cada respiro, sus lágrimas caían lentamente por su rostro; ya no podía moverse, y poco a poco se fue yendo… al verlo entrar le pregunto si lo había llamado, si vendría, si podría hablar con él aunque sea un instante… el respondió de mala gana diciendo que ese huevón no respondió el teléfono y que ya, pues que más podría hacer…

Cerró los ojos por última vez y los volvió a abrir por última vez, miro aquella lámpara en el techo y se puso a llorar. Su rostro se fue dibujando delante de ella, sus ojos fueron tomando forma, sus labios sonrieron ante ella y ella sonrió… y finalmente dijo – Te quiero – mientras su mirada se apagaba, sus ojos se hacían vidriosos y perdían todo color hasta que se secaron para siempre.

El vio el teléfono, pensó en ella, pensó en llamarla, pero volvió a pensar, – mañana la llamo sin falta, creo que ya es tarde – y volvió a dormir.

Fue a visitarla, se sentó frente aquella lapida que decía su nombre escrito con pincel y pintura negra. Le llevo flores, tulipanes porque a ella le gustaban, un chocolate para compartirlo con ella y dos tacitas de té de flores… y ahí se quedó, conversando con ella, contándole aquellas cosas que nunca le conto, diciéndole que todo iba a estar bien, que no se preocupe, le dijo que ayer había llovido, que aun el cielo esta nublado, y que seguirá así hasta que se vuelvan a encontrar.

El siempre que podía, volvía a visitarla, siempre que podía le llevaba un chocolate, siempre que podía le cantaba una canción. Hasta que un día ya no pudo y ese día ya no hubieron más distancias entre ellos.

 

El Aldo

 

 

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Se sentaron tomados de la mano al filo del tiempo donde cada día se vuelve un segundo; viendo al sol ahogarse en el mar. Eran un par de viejos, delgados por los años y pequeñitos por el peso de la edad… Y antes de que salga la primera luna de décimo cuarto mes, él se acordó y le pregunto…

– Te acuerdas de aquella receta de la sopa no-se-que, nunca me la volviste a preparar no?

Y ella respondió.. – Ahh, cuál será? Pero además ya estas viejo y esas cosas no te hacen bien, tienes que cuidarte

Hmmm –respondió el pensativo- ehhh y te acuerdas de aquellas canciones? Llegaste a escucharlas?

– Ehhhh ha pasado tanto tiempo, sabes; es que ya no me acuerdo, pero porque no me las cantas?. Y apretando su mano suavemente, cuando la 2da Luna estaba en el cielo, soplo lentamente unas notas y las notas se volvieron melodías y a su vez canciones y ellas en estrellas que brillaron en cielo eterno que se apoya sobre nuestros hombros todas las noches y nos llenan de recuerdos.

Tomados de la mano, cuando la última estrella empezó a brillar; se miraron como siempre lo hacían, se dieron un beso y saltaron al abismo, hacia las olas y juntos para siempre, se volvieron parte del mar….

 

El Aldo