Salte la navegación

Sentados en la terraza, la oyó hablarle como nunca, cada palabra que salía de sus labios era como música, como una melodía que te despierta por la mañana y su sonrisa cual rocío lo hacia tan feliz. Pero al seguir la conversación, se dio cuenta que aquellos labios hermosos que se movían como olas al viento, jamás serian suyos, que jamás podría besar o morder y se conformo con mirar a un lado y sonreír tímidamente tomando un sorbo de aquel café ya frío pero al fin feliz porque le quedaba el recuerdo, las palabras, la sonrisa, la mirada, su mirada.

El Aldo

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