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Eran las 7pm cuando subió a aquel avión solo; con la mirada hacia abajo con tan solo ella en su cabeza:  Porque?. Miro las luces del aeropuerto brillar en aquella noche fría, con ese simulacro de lluvia que cubre la ciudad durante los meses de invierno, todas brillaban, pero ninguna para él, y pensó: Donde estará?. Encontró su asiento en el avión, a lado de la ventana y luego de poner su maletín en el compartimiento golpeándose la cabeza con las rueditas, otra pregunta vino a él: Que hice de malo?. Se sentó y reviso el celular antes de que despegue el avión; reviso los mensajes de texto, los correos, las llamadas perdidas; pensó en llamarla, pero era inútil, tardío. Y al ver las ultimas fotos que se tomaron  juntos, empezó a borrarlas una por una con una pregunta en la cabeza: Estará haciendo lo mismo?. Apago el celular luego de que esa última llamada que sonó mil veces sin que ella contestara, porque sabía que ella no lo haría, pero aún tenía esa remota esperanza que tienen los hombres perdidamente enamorados del aquella persona que los tomo en cuenta o perdio lenta y mortalmente el interes; y si,  aún tenía la remota idea de que ocurra lo contrario y responda y una pregunta vino a su cabeza: Estará si batería?

El avión despego sin problemas, intento dormir, olvidarse del mundo aunque sea por esas 3 horas de vuelo, pero no pudo, solo pensaba en los 5 días que pasaría solo, en los 5 días que pasaría lejos atormentado por su recuerdo y a la vez tratando de olvidarse de ella, de su perfume, de su mirada, de su sonrisa y de haberlo plantado con un pasaje, el paseo y el anillo que llevaba envuelto en papel de regalo como muestra de su incondicional amor. Eran las vacaciones perfectas para volver a estar juntos, para empezar de nuevo, pero ella, ella nunca llego

Las calles le parecían desiertas, y la ciudad más fría que nunca. Llego al hotel, y en la cama del cuarto, se sentó al borde de ella hasta que amaneció, viendo aquel teléfono encendido y oprimiendo ese botoncito para que la pantalla siga encendida. Los 5 días siguientes se la paso del hotel a la misma banca de la plaza, de la banca de la plaza al restaurant a pedir la misma comida que a ella le gustaba y de regreso a la banca y de regreso al hotel a sentarse en aquel borde de la cama a ver el teléfono a ver si ocurría el milagro.

Subió al avión de regreso tan triste y pensativo como cuando llego y así de triste y pensativo se sentó en el mismo sitio y se repitió las mismas preguntas, pero esta vez, tenía las respuestas; no logro dormir ni un segundo, y cuando las puertas se abrieron y pudo ver nuevamente las luces de la ciudad lo comprendió todo, logro entenderlo todo. Y como en las películas, la cámara empezó con un contrapicado girando a su alrededor y subiendo hasta hacer un close up a su rostro y se detuvo cuando su pupila se dilato y dijo: Mal rayo la parta, hoy empiezo de nuevo!. Y la imagen hizo un desfocus de las luces de aquel aeropuerto tan impersonal como la sonrisa de un burócrata mientras solo se oían sus pasos perderse en el ruido de una ciudad sedienta, hambrienta y maloliente como la boca del lobo al despertar.

El Aldo

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En aquella oscuridad, se puso a pensar, mientras veía por su ventana las 3 lunas que iluminaban a lo lejos, pero no su camino. Pensó en las tardes, solo, sentado viendo el sol ocultarse en el mar negro. Pensó en las noches pasadas, solo, contando las estrellas que no veía pero que recordaba donde estaban, Pensó en la luz del farol en aquella calle desierta cuando el paso, solo, evitando pisar las rayas de la vereda. Pensó en las flores marchitas que morían como el, solo, sin agua y sin palabras, Pensó en lo que pensaba cuando pensaba en esa música que creaba en su cabeza, solo, en medio de ese cuarto acolchado. Pensó en su café, ahora frio y amargo, mientras tomaba un sorbe, pensado porque no le puso el veneno que tanto quería?. Pensó en los infinitos pergaminos que escribía, solo, en silencio, mientras imaginaba mundos y planetas lejanos donde no se decía palabra alguna sino se sonreía siempre. Pensó en su silencio, en sus manos ya viejas y cansadas. Pensó en su sombra que se fue hacia algunos años, dejándolo pálido y solo.

Abrió la ventana, para sentir el viento entrar a través de ella, e imagino miles de voces hablado, pero solo podía oír una y solo con esa se quedó hasta que amaneció.

Cuando lo amaneció, su cuerpo estaba rígido, pálido, frio, seco, con una sonrisa en ese rostro arrugado y con los ojos abiertos, tan brillantes como el 2do Sol que asoma entre los planetas. Aquel cuerpo se volvió polvo; y el polvo se fue con el viento a aquel planeta imaginario y lejano para muchos. Y sobre el piso solo quedo su corazón, que aun latía, ardiendo en las extrañas llamas azules; mientras los cuervos morían con los picos torcidos y los ojos en blanco afuera de su casa en lo alto de la montaña.

Mientras ese corazón lata, siempre habrá vida y esperanza, y siempre habrá magia, hasta el fin de los tiempos

El Aldo

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Era un día de verano cuando fueron todos a la playa, cerquita nomas, a La Herradura, hermoso balneario de años pasados que en aquella época solo vivía de la poca fama que aún le quedaba. Y fue así que todos entraron en ese escarabajo Volkswagen, las dos tías gordas y hermosas y seis chicos más; con todo lo inimaginable que se podría llevar a un día de playa, pasando por las sombrillas, los sets playeros de baldecitos con su rastrillo, infinidad de toallas, canastas con comidas y bebidas, el típico huevo duro y su pan con palta para menguar el hambre y atorar el pecho, lo que venga primero estaría bien.

Pues bien, ya instalados bajo el sol, sintiendo la brisa marina golpear delicadamente los rostros, era hora de bañarse en bloqueador, cremas y demás ungüentos para evitar que terminaran como camarón a la plancha.. Ven para acá muchacho! Que te vas a cocinar!!! -se oía decir por un lado – NOOOOO al agua no que acabas de comer tus Tico Ticos – decía la otra -. Y así se pasaba la mañana entre que entran al agua, se salpican, se llenan de arena y se vuelven a llenar de arena; viendo las olas perfectas reventar en la orilla, mientras algunos era revolcados por la falta de experiencia y otros las corrían de pechito; un poco más allá, los que corrían tabla, libres dibujando piruetas en aquel mar aun azul. Era el sueño de todos, correr tabla. Fue entonces que uno de los muchachos, saco del carro una “pititabla” una especie de versión tercer mundista de morey boogie, hecha de tecnopor recontra dura, y con su dibujo de un ancla con su cadena. Además no era cualquier pititabla del motón, no, no no; era la edición de lujo, que era simplemente algo más grande, pero marcaba la diferencia, además de la envidia de todos los chibolos.

Era el medio día cuando, pititabla sobre la cabeza se dirigió al mar, con el pecho hinchado cual pavo en celo, para estrenarla, cuando de pronto, ni bien puso el primer pie sobre la orilla, escucho a su mama… A dooonde vas? No ves que acabas de comer tu huevo duro?… así que no tuvo que regresar a sentarse. Pero en un descuido, salió corriendo y se metió al mar, dejando la pititabla a merced de otro de los chicos que simplemente miraba y pensaba “Dios da pititablas a quien no juega ni con su moco”. Entonces se armó de valor, cogió aquella tabla y salió corriendo y en la primera que pudo, pego el salto, vio a las gaviotas, quedo cegado por los rayos del sol, sintió el agua fría entrar en su nariz, y la espuma de una ola feroz golpearlo todo – era el héroe de la tarde – y al final un crack ensordecedor que solo él pudo escuchar. Revolcado por la ola, se paró rápidamente y vio la pititabla partida a la mitad.

Por los bigotes de Don Ramón! – se dijo – si se enteran me quedo sin pollo a la brasa!!!.. así que corrió entre la gente y dejo la pititabla armadita al lado del cerro de toallas como si nada y fue donde su mama para que le comprara una raspadilla donde la hermana de la famosa tía veneno…

De pronto. Mientras hacía ruido con la cañita metida en el hielo, escucho, el rugir de la otra mama..

– Muchachooooo de mierrrrr!!! Mira lo que has hecho!!!.. Cuando aprenderás a cuidar tus cosas!, ya rompiste la tabla esa y ni siquiera la has usado!!.. no te da vergüenza???.. ven para acá que te voy a dar con esa cosa en la cabeza….
– Nooo mama, que yo no fui…
– Que??? Y encima me contradices?,.. que se entere tu padre, ya verás! La que te espera!!

Se sintió culpable y pensó en decir que él había sido el destructor de pititablas ajenas, que él era el culpable y que estaba dispuesto a quedarse sin pollo a la brasa. Y mientras más se acercaba a la escena, empezó a recordar aquel helicóptero inmenso – un Bell UH-1 Iroquois, hermoso – que armo con su papá y que en manos de ese pedazo de engendro solo duro 2 minutos, terminando estrellado sobre la vereda; recordó su cuaderno de dibujos ahogándose en el agua del inodoro. Recordó todas las piezas faltantes de su primer rompecabezas de 100 piezas, de su primer Lego, de su juego de mecano; recordó todos las cuerdas rotas de su guitarra, los interminables domingos en su casa cuando el engreído este, se apoderaba de sus colores para pintar las paredes y decir que él no había sido, de la hora del lonche en la mesa y quedarse sin su pan francés. Recordó cada puteada de su mamá por la culpa de ese galifardo cabezón. Y finalmente recordó que el agua estaba de lo más buena y se siguió de largo, pegándose el mejor chapuzón de la tarde. Que feliz era, a lo lejos los gritos y cocachos, a lo lejos el sol se ponía sobre el mar, a lo lejos las gaviotas, a lo lejos todo, y el no terminada de sonreír a lo lejos en aquel mar azul.

El Aldo

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Quien diría que años después mientras disfrutaba del jardín y veía a lo lejos a alguien pasear a un perro de unos 12 años por su caminar lento y entretenido con su ama que reía y disfrutaba de un aire frio en pleno verano; recordaría aquella historia que le contaron hace mucho tiempo.

Era una mañana cuando el padre se despertó luego del matrimonio de su hijo y de su repentino y ya programado viaje a la lejana tierra del sueño americano. Se levantó con las primeras pobres luces del dia, se acomodó el pelo, se vio al espejo, se aseo como de costumbre y salió decidido del cuarto. Es hora de hacer las paces con el Rottweiler –pensó – . Samson la bestia que su hijo le dejo antes de partir. De manto negro y brilloso, aquel animal era único, raza pura, buen porte, todo un semental, de dientes y fuerza espectaculares.

Pues bien, se puso su casaca aquella mañana nublada de ese invierno limeño que tanto extraño, porque es tan divertido, con esa garua que moja y no moja, con esa niebla gris por todos lados. Buen, sigamos… con su pijama y su casaca, llamo al animal y a cada paso aquella casa temblaba; le puso la correa y le dio una galletita en forma de hueso, en gesto de amistad.

Abrió aquella puerta y la bestia ni bien puso el pie en la fría vereda emprendió su primer paseo con el nuevo amo; jalando y jalando  y volviendo a jalar aquella cadena que por demás estaba tensa. El padre por mas que trataba no podía controlarlo y le costaba mucho mantenerse en pie. De pronto al otro lado de aquella esquina de Breña apareció ella, una hembra hermosa y sin cadena y Samson, la gran bestia negra, ladro fuerte y llenando la vereda de saliva no perdió tiempo  y apretó el paso hacia su presa.

Pues Samson, jalo más fuerte y el padre a punto de caer se repuso e intento detenerlo inútilmente detenerlo con las dos manos. Cuando de pronto, el pantalón de pijama le jugó una mala pasada, la venganza de los pijamas que le llaman. Poco a poco fue bajando, poco a poco se fue deslizando dejando ver aquel trasero blanco y arrugado.

AAAHHH!!! Grito por dentro, apretando los dientes, mientas sentía que el pijama ya había llegado a las rodillas. Y entonces el frio de aquella mañana paso por entre sus piernas y la erección no se dejó esperar. Samson jalaba más fuerte y entre la cadena tensada  y aquel pantalón a rayas que bajaba, ya no pensaba más que en el “esperemos que haya nadie tan temprano”. Pues no fue así, había ya alguien en aquella cuadra y no era el panadero con su clásica corneta.

Vecinoooo bue-nos días!!!… dichosos los ojos que lo veeeee-e-e-e-en, esas pijamas le quedan uffffff diria yo  – dijo la vecina cincuentona que emocionada y coquetona, reía y se enrojecía  con la sangre hirviéndole; mientras regaba el jardín que no tenía y se le salían los ojos.

 

El Aldo

 

 

 

 

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Sentado en ese jardín perdido entre el hoy y el ayer, entre la maleza de sus memorias, decidió poner orden y encontró el hilo de una historia inconclusa.

Era un jueves por la tarde cuando encendió un cigarro y se paró en la puerta del cine a esperarla. Era más temprano que de costumbre, pero como siempre pensó, era mejor esperar a ser esperado y eso le daría la felicidad de verla llegar con su cabello al viento.

Prendió otro cigarro mientras veía su reloj y caminaba de un lado al otro de la cuadra de aquel cine de barrio venido a menos, cerca de aquel centro comercial donde años después comería la más nociva de las comidas que cualquier borracho de fin de semana podría pedir y donde años después pasaría sin pensarlo con alguien inesperado

La función empezaba a las 7:30pm y ya faltaban 15 minutos para empezar y claro ella no aparecía. Miraba cuanta combi o bus se detenía en la esquina a ver si aparecía, apurada como siempre; pero no, no terminaba de llegar. Era tarde para llamarla a ver si estaba en camino o no; no recibió ningún recado cuando salió de casa, además fue ella la que le dijo para ir, y le aseguro que esta vez sí llegaba, no como la última vez, que le dijo para ir a ver Blade Runner en el cine Julieta en un 2×1 y donde nunca apareció y él se quedó con las ganas de ver la película. Pues bien La Naranja Mecánica estaba por empezar y el seguía afuera; contando los segundos, guardando un hilo de esperanza a que finalmente apareciera; entonces con el dolor de su alma y en contra de su voluntad, compro su ticket y entro. Se sentó atrás, no para evitar el gentío, sino para ver si lograba asomar y ahí la encontraría.

Cuando aparecieron los “featuring artists” sabía que ya no llegaría… Mierda! Dijo, no va a venir, y adelanto asientos hasta la mitad de la sala siempre al pasadizo por si acaso aparecía. Lo que es tener esperanzas no? – pensó –

Ya la película avanzada, el olor a orines y a sudor era agobiante, el humo de algunos desadaptados se mezclaba con un ruido lejano, orgásmico, que llegaba de los baños… La verdad no disfruto la película, porque mas era el temor de ser asaltado que presta atención a aquella pantalla donde Alex ya estaba en tratamiento. Era el constante mirar a todos lados, todos eran sospechosos, y en realidad la mayoría no prestaba atención a la película…y aun así miraba aquella cortina desteñida y polvorienta de cuanto en cuando para ver aun llegaba.

Y así transcurrieron los minutos, que le resonaban en la cabeza. Al terminar la función, fue al baño y se encontró con una fila de no de apurados para orinar, sino la cola para el “rapidito” a manos de algún transexual o la putita de turno. Voltearon a mirarlo. Un servicio papi? – le dijo uno – y otro le zampo una mirada diciendo –que miras huevón? – así que salió rápido, dejando atrás a aquella turba libidinosa y concupiscente que no perdía el tiempo viendo una película que no entendían y que aprovechaba la oscuridad para darse una relajada de aquellas.  En su salida sintió que alguien lo seguía, que comentaban detrás de él, que no era uno, sino varios, de rostros borrosos, de ropas que no encajaban, de colores vistosos, de puños cerrados con una punta brillante saliendo de entre los dedos. Era hora de correr.

Ni bien puso pie en la calle, se olvidó de todo y corrió entre la poca gente que aun transitaba por la zona, cruzo la avenida Javier Prado, sin mirar dejando atrás bocinas y conchatumares y sobre todo a la grupito que pretendía asaltarlo… llego a Juan de Arona y ahí paro, tomo aire, prendió un cigarro y camino, pensando en porque no habría llegado, porque no le dijo que no llegaría, le daría la misma excusa tonta que el aceptaría sin pensarlo como la vez pasada o la vez anterior; pensó si así era el amor; pensó si ella se había dado cuenta; pensó miles de cosas y en miles de cosas se perdió, pero no dejo de pensar en ella…

Años después se la encontró cuando, perdido entre la gente tropezó con ella, conversaron de sus vidas de esto y de aquello y entre las risas le pregunto….

–       Porque no llegaste? Sabes que te espere – dijo mientras dejaba de reír

–       Disculpa – dijo ella – eran otros tiempos, ya ni me acordaba, sabes?

Ella dejo de reír, bajo la mirada y se quedó callada; El, la llamo por su nombre y ella levanto la mirada nuevamente. Está bien, no te preocupes, eran otros tiempos no?, olvídate – le dijo – . Se miraron a los ojos y volvieron a sonreír.  Cuando se despedían, ella le dijo.. Que te parece si mañana vamos al cine?… El abrió los ojos sorprendido y se quedó callado.

 

El Aldo

 

 

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Camino por aquella feria terrosa y sucia del circo del fabricante de mentiras. Vio a los payasos viejos y mal pintados, siempre tristes tratando de engañarla con flores de plástico y globos llenos de falsas ilusiones. Paso delante de la jaula de las fieras moribundas, encerradas en la prisión del olvido, tratando de comérsela con sus gruñidos hambrientos. Paso delante del domador de fieras con sus pies de barro y su traje rojo desgastado por los años con esa mirada lasciva y látigo en mano, sonriéndole e invitándola a ver a los elefantes esqueléticos.

Y cuando pensó que ese tormento había terminado, a lo lejos vio una tienda de colores, parchada con pedacitos de ilusiones. Cuando entro, el olor a incienso y azufre llamo su atención; oscura y llena de misterios, los viejos libros tomaba vida a cada paso que daba y los pergaminos del tiempo se abrían para ella. Cuando llego al centro vio una mesa con una bola cristal y acero; se sentó en esa silla polvorienta y apareció ante ella La Reina Gitana envuelta en el manto del destino y del tiempo, con su mirada penetrante y ese aire de misterio. Su mano huesuda empezó a tomar la belleza de su juventud al tirar las cartas y dijo..

–       Que fatalidad, aquel corazón guerrero que aun corre contra el viento sigue latiendo fuerte por ti y aun no te has dado cuenta; ven toma mi mano y veras..

Y tomando aquella mano suave, vio el corazón latir dentro de la bola de cristal y abrió los ojos al fin y empezó a llorar suavemente, dejando caer una lágrima sobre el acero.

De pronto, los tambores lejanos empezaron a sonar más fuertes y detrás de ellos, las guitarras despertaron del olvido y su poder invadió la atmosfera densa de aquella tienda invisible para los que no creen en el espíritu del viento. Y de pronto, de entre todo ese ruido apareció aquel cuyo corazón aun latía por ella, con su armadura gastada y abollada por las infinitas batallas; y extendiéndole la mano, la llamo… Guardiana ven conmigo… Guardiana de la Fe y de la Lagrima, ven conmigo, mis ojos no te mienten – dijo – , ella le tomo del brazo y ambos se perdieron en el jardín de las almas…

 

El Aldo

 

 

 

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El dolor de cabeza empezó hacia unos días atrás, y ya era de preocuparse así que al salir de la oficina, volvió a pasar por la farmacia donde le dieron el coctel de calmantes de siempre. Tomo la pastilla roja, dos de la verde, tomo un jugo de naranja y salió para su casa mientras escuchaba las canciones de siempre; esas que te traen recuerdo del que ya no está, del que se fue, del que está lejos, del que está cerca, del que te hizo mierda el corazón, del que ríe contigo a pesar de la distancia, del que habla y no sabe decir adiós, del que la quería y aun la quiere y se consuela viendo el mar.

Eran las 11 pm cuando algo en su cabeza exploto, y como reguero de pólvora el dolor se fue intensificando y esparciendo sin ningún miramiento ni perdón. Grito fuerte, y sus lentes cayeron lentamente y cuando el cristal de sus lunas se reventó en el piso, ella se desplomo, llorando y suplicando por una tregua.

Horas más tarde cuando despertó sintió tubos y agujas, cables y monitores, no veía bien donde estaba, pero sabía que no estaba en su casa, sabía que no estaba bien, que algo malo, algo muy malo estaba pasando y apretó con la mano la sabana percudida de aquella cama de hospital. Pudo distinguir entre las sombras a quienes estaban con ella, preocupados, llorando y rabiando, perdidos en ese no saber qué hacer. Intento levantarse, Todo está bien – dijo – pero no logro ir muy lejos y siguió murmurando hasta quedarse dormida.

Desperto de pronto, casi sin poder respirar, sudando, llorosa, el  corazón se le salía del pecho, y su cabeza latía y resonaba como el bombo de una barra en el estadio. Tomo aire, tomo cuanto aire pudo y le dijo al que estaba rabioso, al que estaba ahí por que estaba.

– Llámalo, por favor llámalo, quiero decirle algo

– A quien quieres que llame? – dijo el – no sé qué hablas,

– Si sabes, no te hagas el tonto, sabes bien de quien hablo, por favor llámalo, no pierdas tiempo – replico ella con el poco aliento que le quedaba –

– Ok, iré, pero si no contestas será tu problema…

Al Salir de aquel cuarto, busco en su bolsillo su celular que no tenía saldo, así que tomo unas monedas y parado frente al teléfono público, levanto el auricular, escucho el tono de marcar y empezó a golpear la pared con él, uno tras otro, golpe tras golpe el auricular se reventaba y los pedazos de plástico y  la pared se llenaban de sangre. Tiro el teléfono y salió a tomar aire, a fumar un cigarro, a olvidarse un rato de ese momento de ira y para olvidarse del encargo.

Al regresar al cuarto, ella simplemente moría, la vida se le iba con cada respiro, sus lágrimas caían lentamente por su rostro; ya no podía moverse, y poco a poco se fue yendo… al verlo entrar le pregunto si lo había llamado, si vendría, si podría hablar con él aunque sea un instante… el respondió de mala gana diciendo que ese huevón no respondió el teléfono y que ya, pues que más podría hacer…

Cerró los ojos por última vez y los volvió a abrir por última vez, miro aquella lámpara en el techo y se puso a llorar. Su rostro se fue dibujando delante de ella, sus ojos fueron tomando forma, sus labios sonrieron ante ella y ella sonrió… y finalmente dijo – Te quiero – mientras su mirada se apagaba, sus ojos se hacían vidriosos y perdían todo color hasta que se secaron para siempre.

El vio el teléfono, pensó en ella, pensó en llamarla, pero volvió a pensar, – mañana la llamo sin falta, creo que ya es tarde – y volvió a dormir.

Fue a visitarla, se sentó frente aquella lapida que decía su nombre escrito con pincel y pintura negra. Le llevo flores, tulipanes porque a ella le gustaban, un chocolate para compartirlo con ella y dos tacitas de té de flores… y ahí se quedó, conversando con ella, contándole aquellas cosas que nunca le conto, diciéndole que todo iba a estar bien, que no se preocupe, le dijo que ayer había llovido, que aun el cielo esta nublado, y que seguirá así hasta que se vuelvan a encontrar.

El siempre que podía, volvía a visitarla, siempre que podía le llevaba un chocolate, siempre que podía le cantaba una canción. Hasta que un día ya no pudo y ese día ya no hubieron más distancias entre ellos.

 

El Aldo

 

 

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Se sentaron tomados de la mano al filo del tiempo donde cada día se vuelve un segundo; viendo al sol ahogarse en el mar. Eran un par de viejos, delgados por los años y pequeñitos por el peso de la edad… Y antes de que salga la primera luna de décimo cuarto mes, él se acordó y le pregunto…

– Te acuerdas de aquella receta de la sopa no-se-que, nunca me la volviste a preparar no?

Y ella respondió.. – Ahh, cuál será? Pero además ya estas viejo y esas cosas no te hacen bien, tienes que cuidarte

Hmmm –respondió el pensativo- ehhh y te acuerdas de aquellas canciones? Llegaste a escucharlas?

– Ehhhh ha pasado tanto tiempo, sabes; es que ya no me acuerdo, pero porque no me las cantas?. Y apretando su mano suavemente, cuando la 2da Luna estaba en el cielo, soplo lentamente unas notas y las notas se volvieron melodías y a su vez canciones y ellas en estrellas que brillaron en cielo eterno que se apoya sobre nuestros hombros todas las noches y nos llenan de recuerdos.

Tomados de la mano, cuando la última estrella empezó a brillar; se miraron como siempre lo hacían, se dieron un beso y saltaron al abismo, hacia las olas y juntos para siempre, se volvieron parte del mar….

 

El Aldo

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Se acercó lentamente a su lado, viéndola despeinada con los ojos cerrados, con la luz del sol entrando tímidamente por su ventana. La miro lentamente, pensó encontrarla en sus pijamas de buzo dominguero, tan bella como siempre. La miro lentamente, pensó verla desnuda entre sus sabanas que ahogan deseos y sueños, tan bella como siempre. Sonrió al verla como siempre la imagino, ella, simple, ni desnuda, ni en su buzo dominguero, simplemente hermosa cubierta con su frazada de tigre. Le dejo una nota al lado de la almohada junto a un chocolate para que rompa la dieta.

Y de pronto ella despertó… en el momento menos pensado… 

– gggghmmmm grmmm…dime? dijo entre sueños

– oh! – respondió, apenado, apenadísimo- disculpa, disculpa, disculpa

– no te preocupes, sip?, te paso la voz más tarde…

– ok, ok.. Disculpa, no quería desperté… disculpa, disculpa… preparare el café para cuando estés lista

Salió corriendo mientras la miraba volverse a dormir… repitiendo incansablemente la única frase que le vino a la cabeza “disculpa, disculpa…”

Se tropezó con todo lo que encontró en su camino, pensando en todos las cosas hermosas que en esos 12 segundos pudo haberle dicho, pero solo dijo “disculpa”; 321 veces. Llego a la cocina, hizo el café, y se sentó a esperar, pensando en que ese momento tan embarazoso había sido el momento más hermoso que alguna vez pensó.

 

El Aldo

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Despertó en medio de una mazmorra por los ladridos de cientos de perros rabiosos encerrados en una celda, pero logro escuchar la voz de Ignacia débilmente suave, pidiéndole ayuda. Se levantó como pudo e intento abrir aquella puerta de acero oxidada, llena de moho, sangre y restos de fluidos internos. Cuando la puerta se abrió, la vio, ahí encerrada, atrapada en una jaula donde solo podía estar en arrodillada, desnuda prácticamente, con su piel delicada como la recordaba, herida, bañada en sangre, sudor y mugre.

 

Aquellos perros que no de bajan de ladrar, voltearon a verle y con sus ojos encendidos por el un fuego de odio empezaron a acercarse hacia él. Fue entonces cuando uno de ellos, se levantó en sus patas traseras y tomo forma humana pero su cabeza se partió en dos y una cabeza miraba hacia adelante y la otra hacia atrás. Ambas voltearon a mirar al Capitán Terror, escupiendo rabia y saliva; Le hablaron en al revés en lenguas. Una de ellas era un hombre, la otra era una mujer, ambos desfigurados por algo que no podía describir, pero si entender, Al principio no pudo reconocerlos, pero a medida que lo segundos pasaban, intentaba reconocerlos, pensar en quienes eran.  Y en esa pesadilla de aire fétido y cargado, intento recordar aquellos rostros, aquellas miradas y aquellas risas.

 

Y ella, Ignacia, en aquella jaula, podrida de dolor y bañada en lágrimas, logro verle, y entre su dolor, logro sonreírle, pero no fue suficiente, los perros la acechaban, intentaban morderla entre los barrotes, y su saliva acida caía en su espalda. El Capitán Terror, logro acercarse más, pero la manguera de su máscara de oxígeno se engancho en la entrada y no podía avanzar a rescatarla, entonces arriesgando su propia vida se quitó la máscara y con ella, su rostro hasta ahora una incógnita se despegó de su cara como un pellejo hervido en acido. Y sin rostro, sin poder ver donde está Ignacia, se dibujó una cara que fue tomando forma, logrando verla y pudo alcanzarla. Los perros lo mordían y el luchaba para liberarse haciendo tronar sus huesos y despellejándolos a su paso.

 

El hombre-perro de dos cabezas volteo a verlo y volvió a reírse al revés, desnudo y poderoso, pateo la jaula una y otra vez, con rabia, con placer y escupía sus fluidos sobre ella. Cogió la cadena para llevarse la jaula y diciéndole algo al revés, empezó a avanzar lentamente y sus palabras se repetian una y otra vez y el eco de ellas volvia a repetirse y los ladridos de los perros eran más intensos, y empezó a jalarla hacia la oscuridad.

 

El Capitán Terror, herido, logro acercarse a la jaula y pudo ver los ojos de Ignacia, pudo escuchar su voz, pudo sentir su perfume entre los fluidos, el ácido y la mugre putrefacta, y ella le dijo, ayúdame Capitán, ayúdame, no puedo salir, pero no quiero salir… Si te hubiera escuchado mí… y su voz se quebró y su llanto inundo la habitación y se mezcló con la risa de aquellas dos cabezas. El logro estirar su mano, desgarrando su piel en el intento y ella también, y sus dedos se tocaron, se rozaron y en ese segundo, en esa fracción de tiempo, pudo sentir algo que nunca había sentido ni imaginado; el quiso decirle algo pero la jaula se apartó de él rápidamente adentrándose en la oscuridad.

 

Grito su nombre fuerte, como cuando se le desgarra la piel tratando de alcanzar su mano, pero fue imposible, entonces el hombre-perrro de dos cabezas volteo a verle y él pudo reconocer en ese momento los rostros entre los cabellos largos, entre la oscuridad, entre la podredumbre y la lujuria… Era el, aquel que con engaños había endulzado a Ignacia, aquel que en los pasadizos del palacio la miraba y la desnudaba con la mirada, aquel que empezó a decirle secretos y promesas vanas con su lengua de púas. Pero al ver el otro rostro, descubrió que era la misma Ignacia, una Ignacia corrompida, demoniaca, concupiscente que se mordía la lengua para sentir la sangre acida correr por su rostro. Ambos reirán al revés y se mordían mutuamente…

 

Mientras los perros guardianes se lo comían vivo dejando ver sus músculos, sus entrañas, huesos y lamiendo su sangre. EL Capitán Terror hizo un último intento por alcanzar la jaula donde el espíritu de Ignacia estaba atrapado, pero fue en vano. Aquella jaula se perdió en las profundidades de la mazmorra y el quedo ahí, tendido en el suelo, convirtiéndose en merienda y carroña de los traidores…

 

Y así fue como El Capitán Terror murió dejando tras de sí, el dolor de ver atrapada a Ignacia que un día con su sonrisa logro atraparlo en aquel planeta perdido entre las galaxias y en el último rayo de luz que sus ojos lograron ver, fueron los ojos de Ignacia llenos de lágrimas, esperando que la rescate en otra vida…

 

El Aldo